La conciliación, tema del cual se habla mucho en estos tiempos, en especial como padres ante un horario inflexible laboral; que nos impide darles más tiempo a nuestros hijos, dejándoles la responsabilidad a terceras personas, llámense abuelos, actividades extra escolares, etc. Afecta a la familia completa sin importar si son los padres o los hijos, pequeños o grandes; creo que es un problema global dentro del núcleo familiar que de una u otra manera hay que saber o tratar de adaptarse.

Según la definición de la Real Academia, estrictamente hablando de la familia sería:

Poner de acuerdo a dos o más personas o cosas
Hacer compatibles dos o más cosas. (vida laboral y familiar por ejemplo).
Granjear un ánimo o un sentimiento determinado

Pero existe otro tipo de conciliación que no se menciona a menudo y esta, es la de nuestros hijos; ellos al igual que nosotros resienten esa falta de tiempo en familia y el estrés en lo que se refiere a nuestro estado de ánimo tratando de darles ese “tiempo de calidad” que nunca terminamos por “hacerlo bien” para los ojos ajenos a la casa. ¿A caso no es tiempo de “calidad” cuando estamos con ellos viendo TV, o bañándolos o comiendo, o haciendo una excursión o viaje? El tiempo como tal, mucho o poco es simplemente perfecto, no es necesario hacer malabares para darles “tiempo de calidad” según mi juicio.

Pero regresando al tema de la conciliación infantil, creo que esa falta de presencia de los padres afecta de una manera u otra a los pequeños, ya que la educación y forma de percibir el mundo se las dan terceras personas y nosotros al mismo tiempo tratamos de hacer muchas cosas para compensar ese tiempo inexistente y retomar el rumbo que queremos darles a nuestros hijos de acuerdo a nuestra manera de vivir y ver la vida.

Anteriormente ya había hablado del tema, cuando mi hija de 4 años preguntaba por su papá; en sus propias palabras era: ¿hoy llega tarde? ¿por qué tiene que trabajar mucho?¿por qué estudia también?¿puedo esperarlo?…..En ese momento me di cuenta de la falta que les hacía, simplemente para cenar juntos, tomar el baño, leerles un cuento y dormirlos con alguna canción; esos pequeños detalles a los que estaban acostumbrados se habían perdido y la ausencia se hacía presente aunque yo hiciera lo mismo; así que ellos también se adaptaban a la falta de “sus habitudes” con su papá.

Creo también que no podemos remplazar una persona con otra, es decir, que aunque nosotros hagamos algo como vestirlos, bañarlos, hacerles de desayunar y llevarlos a la escuela, en el momento que ese patrón se rompe y de la nada llega otra persona a hacer lo mismo aunque esta sea cercana como el abuelo por mencionar a alguien, los niños se adaptan y “concilian” a su manera el cambio de rutina.

Hace tiempo había una discusión en Bélgica sobre si los horarios de clases se debían prolongar hasta las 5 de la tarde, haciendo de esas horas tiempo para la tarea y actividades extra escolares y así ayudar a conciliar el tiempo de trabajo de los padres con el de los hijos. A mí, en lo personal no creo que sea la solución para conciliar tiempos de trabajo y escuela. Me gustaría pensar en que los horarios flexibles y trabajo en casa fuera mejor aceptado por las compañías en vez de ver a una madre como amenaza para el empleo.

No podemos hablar de conciliación de los padres sin hablar de los hijos, en parte porque es susceptible de un sin fin de emociones y por supuesto de la culpa por no estar con ellos o tratar de hacer miles de cosas que la sociedad dicta que hay que hacer a determinadas edades. La carga que una tiene desde que nos sabemos embarazadas ya es suficiente como para aumentarle problemas de tiempo , trabajo y calidad con nuestros hijos.

¿Qué si hay algo que hacer? ¿es compatible la maternidad con el trabajo? ¿hay que sacrificar unas cosas por otras? En efecto no podemos partirnos en dos, pero creo que en medida de lo posible teniendo en cuenta los horarios de trabajo y los de nuestros hijos podríamos ahorrar energía en algunas cosas para poder pasar más tiempo con ellos. No es fácil y hay veces que no se puede hacer nada, algunas familias dirán que simplemente es imposible y punto, pero entonces esos pocos momentos con ellos tratar de dejar a un lado toda la carga que llevamos, respirar y sentarnos en el suelo o simplemente aprender a escuchar a nuestros hijos que aunque no hablen tienen mucho que decir.

¿Y qué hay de las repercusiones negativas? No soy psicóloga para poder responder correctamente esta pregunta, pero tengo dos hijos, de 4 y 2 años que aun con la falta de tiempo para ellos, por diversos problemas tanto de horarios como de salud, son niños normales si es que podemos decirlo; personalmente no me gustan los estereotipos de “normal” y menos aplicado a los niños; pero como siempre, hay días buenos y malos, en ambos sentidos, pero al final saben o quiero creerlo, que tienen dos padres que están locos de amor por ellos. ¿Y más tarde? el tiempo lo dirá y supongo que poco a poco haremos lo necesario para que no sean “ Niños de la llave” como hablan en un texto del periódico El país.

¿Ustedes qué opinan de la conciliación infantil según sus experiencias?

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