Como todos los cuentos, este no es la excepción, empieza hace mucho, mucho tiempo en un bosque encantado detrás de una roca, cerca de un río de plata que cantaba con la luna.

En ese bosque vivía una hermosa ardilla de tonos rojizos, una bella ardilla que era bien conocida por siempre querer los objetos de los demás; a pesar de que era muy simpática, los otros animalitos la evitaban pues cada vez que ella estaba con ellos quería sus cosas y no compartía las suyas.

Esta ardilla además, pesaba mucho; se oían sus pasos desde lejos Pum Pum Pum, y como era de esperarse en vez de tener su casa sobre un árbol, la tenía al nivel del piso, le era imposible trepar más de un pequeño salto de altura.

 

La ardilla solía pasearse por el bosque, y en su encuentro al ver un conejito comiendo una zanahoria, quería esa misma zanahoria para ella, una vez que la tenía, la guardaba junto con sus tesoros; si veía a un cerdito con una muñeca, también la quería para ella, no otra, ni una igual sino la que el cerdito llevaba consigo; si veía un caracol comiendo una pequeña hoja de árbol, también la quería, esa misma hoja….y así todos los animalitos del bosque cansados de perder sus cosas por la ardilla que quería todo, se escondían al verla o al escucharla venir hacia ellos.

 

La ardilla, quería también jugar con los otros animalitos del bosque pero siempre ganaba ese sentimiento de querer lo que los demás tenían….

 

Un día se paseaba por el bosque cuando escucho un ruido entre las ramas de los árboles, trataba de ver lo que era pero nada…siguió caminando y otra vez escuchó ruido entre las hojas….se quedó quieta esperando poder ver algo….más de una hora sin moverse hasta que apareció un pequeño pájaro azul, era tan hermoso, pero lo que la había maravillado era la manera de volar de este; hacía piruetas, parecía que bailaba como una bailarina por los cielos. Al ver ese bello espectáculo, lo único que pudo pensar la ardilla, fue que ella también quería volar.

 

Dada su condición, que pesaba mucho y apenas podía saltar unos dos centímetros del suelo, decidió ir en busca del búho del bosque; como todos los bosques encantados también vivía un búho sabio que conocía todo.

 

Fue hasta su casa y esperó y esperó y siguió esperando a que el búho saliera….pasaron muchos días y muchas noches hasta que por fin una tarde el búho asomó la cabeza de su casa y vio a la pequeña ardilla esperándolo.

 

La ardilla le contó lo sucedido y le preguntó si sabía la manera de que ella pudiera volar. El búho pensativo le dijo que el camino no sería fácil pues la única manera era de que la ardilla cambiara su manera de ser, tenía que dejar de querer las cosas de los demás, pero sobre todo repartir sus tesoros a los animalitos del bosque, que una vez que lo hiciera, viniera a verlo y podrían hacer algo.

 

La ardilla no sabía que hacer, le costaba mucho trabajo compartir y nada más de pensar de deshacerse de sus objetos preciados la ponía en un pánico total.

 

Poco a poco empezó a dar sus cosas a los demás, los animalitos vieron inmediatamente la diferencia y el esfuerzo de la ardillita por cambiar; pasó mucho tiempo, las cosas que uno quiere no siempre son fáciles se decía la ardilla a ella misma; pero poco a poco fue dando sus “tesoros” y empezó a compartir con los animalitos del bosque sus cosas; ya nadie se escondía de ella, sino que hasta la iban a buscar para jugar.

 

Su vida había cambiado por completo, ahora todas las mañanas hasta preparaba uno que otro pastelito para compartir con sus amigos del bosque; solo se escuchaban risas al pasar fuera de su casa.

 

Un día recordó su plática con el búho, así que fue a verlo, pero esta vez trepó hasta el árbol y tocó a su puerta:

 

-señor búho, le dijo la ardilla…..vengo a platicarle que ya he regalado todos mis objetos y que me siento mucho más libre y más ligera, no puedo volar pero puedo hacer muchas cosas que antes no podía hacer.

 

-Mi casa ya está sobre las ramas de un árbol y puedo brincar mucho más ligera; soy muy feliz!

 

El búho la vio detenidamente y le dijo:

 

-querida ardilla, estas lista para poder volar, tenías que dejar ir todas esas cosas que llevabas contigo para poder flotar libremente entre las copas de los árboles.

 

La ardilla salió corriendo de la casa del búho y saltó de copa en copa de los árboles con una velocidad que parecía que volaba mientras hacía piruetas por los cielos y jugaba con los pequeños pajarillos azules.

 

¡Colorín colorado este cuento mágico se ha terminado!

 

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