En el inicio de los tiempos cuando el mundo empezaba a organizarse, había un enorme árbol, era un Sauce, aunque en esa época era tan frondoso que desde su interior apenas se podía ver uno que otro rayito de sol. Este imponente árbol era el orgullo de la tierra, sus ramas daban cobijo a distintas especies, sus frutos daban comida a toda la región, la sombra era una noche estrellada por las hojas que al moverse danzaban para deleite de quien estuviera debajo del sauce.

 

Pero este grandioso árbol, no estaba contento, se la pasaba llorando, día y noche sin parar, no había nadie que se atreviera a preguntar sobre el drama que le atormentaba.

 

Un día, cualquiera, un pajarito salió de su nido y se le quedó mirando durante horas sin moverse, casi como una estatua….después de mucho meditar le preguntó al sauce el motivo de su lamento y este le respondió: “llevo años aquí, sin poder moverme, quisiera conocer el mundo y ver con mis propios ojos lo que pasa allá afuera”.

EL pajarito meditando la respuesta le dijo: “Creo que puedo ayudarte; vamos a hacer esto: voy a llevarme tus semillas y a plantarlas por todas partes del mundo, así podrás conocerlo y deleitarte con cada paisaje”

 

Por primera vez, el enorme árbol dejó de llorar y aunque incrédulo, asintió con una leve sonrisa.

 

El pajarito voló durante toda su vida por todo el mundo plantando las semillas del sauce, que a su vez veía por medio de ellas cada lugar nuevo que le presentaba su amigo el pajarito.

 

Nunca más se escuchó el lamento del gran árbol, pero el bello árbol cambió; sus ramas se hicieron largas y caídas como un recordatorio de sus lágrimas y la leyenda del sauce llorón que quería conocer el mundo.

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